jueves, 18 de abril de 2013

La sabiduría es saber dar gracias

Un campesino que paseaba por sus maizales de abundante fruto listo para la cosecha, hizo jubiloso una parada, se sacó el sombrero para disfrutar el fin de la jornada y en eso fue sorprendido por un anillo de colores que rodeaba al sol. 

Volviendo el sombrero a la cabeza, las manos se extendieron cautelosas para atrapar un rayo de luz colorido.

Vió como la cálida luz dibujaba la dureza del trabajo en sus palmas y dedos, en voz alta exclamó para sí: 

¿Qué misteriosa savia albergan los cielos de día que alimentan mis campos y mi cuerpo para poder trabajarlos y así alimentar mi cuerpo y a mi familia?

Vió más allá de la luz en sus manos y exclamó:

¿Qué misterioso ajayu permitirá que este cuerpo engendre vida y de a la vida quehacer a diario?

Cerrando los ojos y respirando la brisa de la tarde apunto su rostro hacia la luz colorida rendido a la maravilla.

Pensó para sus adentros, y dijo piadoso:
 
Que sabios son inti tatay, pacha mamay, 
gracias inti tatay, pacha mamay

Volvió por su azadón y bordeando la acequia con el ánimo multiplicado en júbilo emprendió el retorno a su wasi para reencontrarse con el Juanito, la Satuca, el Tomas y la Helena: los otros fragmentos de su corazón.


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