No hubo oráculo que dictase
como nuestros caminos irían
a estrellarse continuamente.
engendrarse a sí.
Si.
De vida en vida, a saltos,
haciéndonos cómplices
del juego absurdo de perder.
Tal vez.
Debimos abandonar,
los manuales de vuelo,
la moralidad obtusa
de los gestores de dios.
Quizás.
la esperanza sea una trampa
y no hay salida, entonces
tocará morir de verdad.
Matar la falsa promesa del fin.