la mañana y
el sol retozan, mientras,
los cantos vuelan
Yo no te pido
Que me bajes
Una estrella azul
Sólo te pido
Que mi espacio
Llenes con tu luz.
Yo no te pido
Que me firmes
Diez papeles grises para amar,
Sólo te pido
Que tu quieras
Las palomas que suelo mirar.
Y el pasado
No lo voy a negar,
El futuro
Algún día llegará,
Y el presente,
Qué me importa la gente
Si es que siempre
Van a hablar.
Sigue llenando
Este minuto
De razones para respirar,
No me complazcas,
No te niegues,
No hables por hablar.
Yo no te pido
Que me bajes
Una estrella azul
Sólo te pido
Que mi espacio
Llenes con tu luz.
Sigue llenando
Este minuto
De razones para respirar,
No me complazcas,
No te niegues,
No hables por hablar.
Yo no te pido
Que me bajes
Una estrella azul
Sólo te pido
Que mi espacio
Llenes con tu luz.
ese día agarré la bicicleta y empujé con fuerza hasta llegar a tu casa. al llegar al barrio puse los pies en liza y me pregunté cómo saber qué puerta tocar, que ventana mirar. se me ocurrió preguntar a la vendedora de la tienda de la esquina, inventé la profesión de tu padre y como respuesta a mi consulta recibí un "no sabría decirle" que encubría el acuerdo vecinal a favor del silencio. pedaleé por varias horas, hasta que se templó el impulso inicial en las piernas, en las arterias del corazón, la cabeza. volví a mi refugio menos derrotado que la próxima vez en que me dijiste que no, pero de eso, más que la palabra, perdí por completo la memoria. me quedo con la bicicleta y esa sensación del aire veloz en el rostro, el deseo y la libertad de elegir como perder.
ese rizo ámbar: imagina desprenderse del cuerpo de tu pelambre,
ser lirio independizado que se lanza a conquistar su propio cielo,
planea el escape veloz siguiendo la catapulta de flujos agostinos,
romper la hiedra de tus años y fertilizar los campos de sueños.
lo siento si acaso mis torbellinos y nubes restringieron tu vuelo.
me enseñaron que los límites eran territorios de la intensidad,
de mi voluntad y del deseo, de mi capacidad para ser tormenta.
aprendí a aprender así, queriendo, deseando sin pasión medida.
la estrategia me permitió el goce de frutos amargos y dulces,
pero no a habitar en los continentes nuevos de tus silencios.
la gramática de esta encrucijada se escribe con dos pausas:
la tuya, alas y vuelo ligero que aprenden a no nombrarlo todo;
la mía, brújula rota que aprende a escuchar lo que no pide nombre.
este campo bañado de oro se extiende por mil leguas
a las montañas que las nubes pintan de azules
naranjas y morados
no se cuando podré llegar
mi traje de campaña pesa una tonelada
siento que en cada zancada me traga un poco más
esta tierra poco amistosa
mi cuadrilla hambrienta y con sed
ha ido abonando el camino con su vida
los que quedamos llevamos por estandarte la derrota militar
pero nuestro motivo de resistir al quebranto,
volver a ver nuestras ñustas y wawas
por ello, también muero de la empresa del amor en el campo de guerra.
esperaba poder pintar sin límites,
que el color fuera gratuito, el lienzo
un campo abierto y sin cercas.
subir las montañas y descubrir entre arboledas
y manantiales los elementales de la belleza,
que ella se moviese libre y sin dueño.
viajar y conocer países sin caducidad de estancia,
que el tiempo y el paseo fueran
una gracia de todos, no un privilegio.
pero no sabía
que aquel pincel lo empuñaban otros
y la montaña tenía una taquilla.
pero ignoraba
que los países se compran y se venden
y las estancias, pasaporte en mano, son pagas.
pero no sospechaba
que los mapas de estrellas son secretos,
que los guardan los que nunca han mirado el polvo.
¿para qué pintar?
si mientras va uno en ello
el tiempo consume la vida.
sé que el tiempo me consumirá
como consumió la de tantos antes.
pero hoy no importan los días:
sino lo que dejamos en las manos de otros
antes de que el polvo nos cierre los ojos.
si no es posible pintar sin límites,
que del primero al último trazo
sean los surcos donde se siembren colores.
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