no estoy vencido.
y el dedo que acusa.
hoy, mis puños no son guerra
son puentes entre la divinidad abandonada
y mi mortalidad conquistada.
¿siento ira?
sí, pero fría como el lomo del vacío.
¿desamparo?
si, el de la arcilla seca
que queda después del verano.
¿tristeza?
si, de la ignorancia
de mis nuevos hermanos.
de la esperanza que no han probado.
no me preguntes si volvería.
la pregunta correcta
es si podría arrodillarme
sabiendo que las rodillas
son solo un invento para medir
cuánto duele la gracia.
mira mis ojos.
no es odio.
es la primera vez que miro
sin que me vean.
y eso,
es lo único parecido a la libertad.