"El Beso" (Il Bacio) de Francesco Hayez, 1861
solicito,
con recurrencia disciplinada,
tu presencia remota de colibrí.
en la libreta de la memoria,
apareces en fotocromos
de colores y en aromas sinuosos
de lirios,
gardenias y jazmines.
dulces.
también, de blanco,
en cadenas de palabras tristes.
voy,
entonces,
de la orilla de la cordura
al naufragio en el delirio.
puntual.
en la celda en que te has convertido,
de oleaje de plomo transparente,
tu sonrisa fantasmal
de falso cielo
es cuarto menguante que
iza los bordes del caos
en mi voluntad penitente.
poseso de tu encantadora anima destructora,
decidido, en pánico,
procedo
a revisar las comisuras de tu piel
para sellar los humedales
de mi corazón
y sus ensoñaciones de sal.
calibro
las retinas
para las noches
sin faros, entes
que te transubstancian
y me atormentan.
reincido
en la vida cada mañana.
este planeta de horas líquidas
no tiene horizonte.
floto,
a veces.
otras, me
dejo aplastar y apenas respiro.
mi cuerpo se hace más fuerte,
a contracorriente
de tu recuerdo que muta
del otoño al invierno,
de las golondrinas a los peces,
a las alimañas de las sombras
sin ojos, olfato ni radares.
en el centro de la piedra,
un diamante.
.jpg)