en cada lugar y en cada momento.
un paso seguro al sanatorio,
o por lo menos a terapia.
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a Adela
he cruzado varias sendas.
casi siempre voy directo a mis intereses.
alguna vez
me detengo a conversar con las caminantes.
me lleva la charla
y dejo la tristeza por la senda.
vuelvo al día siguiente.
de mi travesía acompañada
rescato tres voces, cuatro:
una compañera estudiante dice:
el patriarca oprime con el orden casto
y hay que compensar los años postergados.
la madre de un amigo dice:
el sacrificio del cuerpo y los sueños
no alcanza para renovar nada
porque el tiempo en la piel no se rebobina.
una secretaria dice:
el salario no alcanza
y las horas extra
no pagan el saber técnico ni el político.
estoy mejor sin ese hombre.
una dirigente barrial dice:
nos aplastan desde adentro del género
y desde afuera del aparato.
por eso el pan nos cuesta el doble.
no sé si la única opción de un mundo alternativo
pasa por las mujeres,
o si lo digo porque las amo.
no sé si me mueve la costumbre,
el sueño de la mano de mi amada,
o el juicio afilado de la estudiante,
las miradas en la calle
de cuantas caminan de ida y vuelta a la escuela,
al trabajo.
hay una sensibilidad que atraviesa los mensajes
y que yo no tengo.
la reconozco
como se reconoce el olor de la casa materna
sin saber de dónde viene.
no entenderla no me priva de sentirla
—¿o será que la entiendo
y no quiero saberlo?—
los besos de mi madre.
la mano de mi amada.
las miradas en la calle.
eso es lo que sé del mundo alternativo.
lo demás son teorías
que todavía no sé leer.
para no tener que aprenderlas,
¿qué me ha bastado?
nacer hombre.
súmame, súmate,
aliánzame, afiánzote,
empodérate, date y dame,
acompáñame, abrázote,
dame más
vive y víveme,
convivamos, vivamos
juntos
caminemos
emprendimientos pegados con engrudo:
el taller de liderazgo cuesta quinientas lucas,
la terapia de pareja doscientas la sesión,
el libro pirata de autoayuda está en oferta,
el abrazo es gratis
te huelo,
muerdo tu barbilla,
saboreo tu rouge
saboréame, inhálame,
confíame
tu mano en mi bolsillo,
la mano fría,
hasta que se entibie
confíate,
dame más,
toquémonos
hasta el inicio de la noche
y perdámonos

obvio que los mercaderes
vaciaron de contenido la forma del hombre nuevo
y llenaron de fondo sus cuentas bancarias
—o eso dice el panfleto mal fotocopiado
que alguien dejó en el baño
a la rápida,
como con miedo—
lo que predican:
lo informal es un campo de oportunidad para las rentas,
la matemática del sentido común
dictada por el programa pedagógico
del ranquero* que financia al títere de turno
hoy los puestos del mercado
rebosan de capibaras estampadas
y de brillitos:
una niña arrastra a su madre por la manga
hasta el puesto de los capibaras
y yo no sé si soy la niña, la madre,
el capibara o el que vende
yo buscaba una camiseta tubular
del mejor algodón
con la foto del martirizado en Bolivia
pero no hay
y no me queda de otra que comprar
una a medio uso
de una banda de metal nueva
* ranquero (Bolivia): persona que acapara mercaderías a bajo precio para revenderlas más caras. Diccionario de americanismos, ASALE.
cada paso es el pulso en otro cuerpo.
la acera se desdobla como un espejo:
de un lado camino yo; del otro, la deriva.
el orégano y el romero
se cuelan en los trajes de ciudadano,
en el bolsillo de la chaqueta,
en el sombrero,
en el té que se enfría sobre el escritorio.
el tiempo dorado se vuelve barro en la mano que tiembla.
te filtras en los textos
que ya no puedo leer sin pensar en el timbre de tu voz
diciendo un poema.
no es un sabotaje:
es una rendición que huele a hierbas secas.
esto no avanza, se va quedando.
se demora en la piel,
en la forma de dormir,
en la sombra que me usurpa el día.
firmé la entrega sin saber
que el aire ya estaba suspendido,
entre el incienso, el perfume y las velas,
en cada paso que es pulso en tu cuerpo.
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