Con hilo blanco,
Con la carrucha
En tu regazo
Cóseme el flanco
La herida aguda
La negra llaga
De mi costado
Mi desventura.
Con tus puntadas
Lentas y largas
De hábil sutura
Ciégala muda
Boca cerrada
Por amor
Nunca.
él tiene esperanza
es militante
en la causa del paraíso
en la tierra
por eso
te espera
con el cuerpo
en huelga de ternura
en la calle
entre la gente
a pie
en la marcha
y en la casa
cuando baja
las banderas
de los párpados
sigue en guardia
con la luz prendida
ni se te ocurra no venir
que sus manos
en la primera línea
no negocian, no
escribir puertas
tomar leche con decisiones
gestionar fracasos
construir búnkeres oscuros
y agujeros en los búnkeres
para ver las estrellas
soñar la razón
curar la intuición
liberar la piel a la luna
cerrar las espirales
comulgar con la misma pesadilla
hasta que se ponga la noche
en tu vientre
se funda la vertiente
de formas incorpóreas:
la mentira
el amor
la esperanza
la muerte
pensar que lo sabías,
que no podía ser peor,
correr y no mirar atrás.
quedar atrapado
en un callejón sin salida.
mientras, en la fiesta
de sentidos y la noche
baila quien todavía sueña,
siguiendo su sombra,
al ritmo del amor —
pero no para ti.
¿qué magia es ésta que,
de amazona de alazán
y diosa Kali provocando
los temblores del ego,
resulta el desvanecimiento
de tu sonrisa perfecta?
pero ella, no se pierde,
se desgarra cual velo en
la entrada de otra forma de mirar.
I
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
II
Arránqueme, señora, las ropas y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.
III
Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo.
IV
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una.
el espejo de nuevo, el reflejo que engaña.
ardid de la luz: ¿cómo soltar y soltarse, mirar
en otra dirección, domar el curso del presente?
una quimera. vil artilugio de los ojos cuerdos.
ajuste al flujo en las fuentes subterráneas.
abandono de los manantiales dominicales
apertura de las antenas al sol y reconquista de las calles.
regulación del corazón y el pulso de sus incendios.
en el no al zozobrar hacia la muerte:
la imagen de mi tacto, un río de intenso caudal,
un agujero negro zampándose estrellas,
una puerta que se abre a la intuición de tus días celestes.
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