domingo, 25 de octubre de 2026

buen día, Manuelita




Manuela hacía los rellenos de papa más ricos que comí.
murió sola en un asilo, con la cadera fuera de lugar,
acompañada de la locura y la soledad de muchas otras mujeres
olvidadas por los hijos, los amigos y los dueños de las casas.


siento remordimiento por no haber ido a verla
en días como hoy, cuando los niños tenían mucho por hacer
y yo no tanto.
un beso, un abrazo, sus manos tomando mi mano
y yo contando algo del día a día, sin mayor importancia.


se levantaba temprano,
y su figura oscura recorría el patio entre los árboles frutales.
iba o volvía del baño
peinando las trenzas grises, que fueron azabache.
—buen día, hijito.
—buen día, Manuelita. chau, ya estoy tarde.


en la ausencia de los dueños, cuidamos la casa por muchos años,
ella más que yo, claro,
porque no tenía la libertad de los adolescentes
ni de los estudiantes universitarios.
—buena noche, hijito.
—buena noche, Manuelita. descansa bien, que ya es muy tarde.


los domingos se iba a su congregación.
al mediodía volvía con el canto y el baile en el cuerpo,
y con una golosina que partía en dos:
—cómete este tostadito, que ya estoy llena
y vos necesitas crecer.
era su forma de decir te quiero:
dar lo poco que tenía.


no necesitaba un cumpleaños
para freír los bollos de papa
y preparar la ensalada fresca de repollo y tomate.
sé que los vendía en el mercado los días de feria;
de ahí su pericia y su sazón de cocinera de comedor popular.
sus manos arrugadas aplastaban las papas cocidas
y, cuando apuraba el relleno de carne en las bolitas,
el almidón teñía por un momento sus dedos morenos.
el aceite doraba los bollos,
la corteza crujiente de harina y huevo.


además de darme hambre, me ha entrado un poco de frío.


ella se fue hace muchos años.
su dormitorio está lleno de cachivaches;
un hijo lejano se llevó lo poco de valor que ahí se alojaba.
¿me habrá esperado?
¿o ya habrá olvidado quién era yo?


en noches frías como esta,
creo verla caminando con su chulo de lana
abrigando su cabeza, y diciendo:
—buena noche, hijito. mañana comemos rellenitos.
ven temprano, ¿ya?

sábado, 24 de octubre de 2026

pirámide (i)



I


en el centro de operaciones

de la sordidez faraónica y familiar,

una señora vende comida en platitos de plástico,

en bolsas verdes y rojas,

con cucharillas de torta

y ají colorado.

los discípulos se atoran

porque otra clase anodina está por comenzar

y no se puede faltar.

 

en el aula, los patriarcas de oficina

dan clases de leyes como sermones,

salivando en tres idiomas,

batiendo los brazos

en sus trajes de corte inglés

o rompevientos de onegé

manchados con jugos sensuales.

aplaudimos, sudorosos, los ciento cincuenta

en un aula para cincuenta.

 

en otro auditorio a media luz,

entre manoseos, bostezos y ojos rojos extraviados,

una homilía sobre la sostenibilidad

expone, sin querer, el día a día de nuestra casa,

donde, antes que el saber, conviven con nosotros

—los usuarios de las listas regulares—,

los cadáveres de buenos deseos,

los cuchillos envenenados

y las planillas supernumerarias

de amantes y sobrinos de amantes.

 

en la escalinata

del prostíbulo con forma de pirámide,

las momias de segundo orden,

con sus macanas de arena, 

también de segunda,

reciben el cariño de las masas

y sus ofrendas del turno matinal.

 

en la cima de cristal,

donde residen desde siempre los dueños

de la empresa, con sus ojos agudos,

se apilan los cuerpos sacrificados,

y la humareda sella el cónclave de esbirros

que concilian la unidad de una hermandad

a la que no pertenecemos,

pero que siempre nos toma fotos sonriendo.

 

afuera, en el jardín,

cuerpos comidos se comen a besos,

sin que les importe volver otro año más.

 

y entre las copas de los árboles y los libros,

con nuestros ojos miopes, 

y nuestras manos de inocentes

reafirmamos nuestros deseos

de una vida dolorosa, pero llena de sonrisas,

donde nos inclinamos para pisar mejor las sonrisas

o vomitamos el evangelio

y la moral de quienes dicen que nos ayudan.








viernes, 23 de octubre de 2026

puente





enamorado,

gustavo, dice
que solo conoce el anverso de su circunstancia,
que entiende la vida en su dolor intenso,
que sonríe al saber de su deseo de más.
así se reconoce, en esa contradicción que late.


no lo entiende todo.
de tiempo, 

de memoria, 

de afectos, 

de un átomo a otro,

no sabe si medir la distancia
es lo que le da sentido a existir.


cada día sigue siendo un sujeto violento,
resentido, rencoroso, envidioso, egoísta,
apasionado, pecador consumado,
pero cada vez con menos intensidad.


mira y siente el mundo de otra manera.

tan simple.

jueves, 22 de octubre de 2026

cielo raso






                de pequeña buscó en todo tipo de semillas 
                y encantamientos.

                luego se ilusionó con las promesas del amor
                y los efectos de lo eterno, 

                por saber si acaso era cierto que la gravedad
                rompía sus leyes en los besos inmediatos.

                buscó en los mejores amigos y gurús, 
                fue a conferencias esotéricas,
                leyó folletos, probó inciensos e invocó muertos.

                solo en el tropiezo con los libros encontró 
                lo más cercano al suelo.

                quiere ver el pico de una montaña lejana,
                si acaso rasga el cielo raso, 
                para poder trepar por él hasta el techo de su mundo,

                no para ver a algún dios elevado al infinito,
                sino para observar los caminos recorridos, 
                la huella y la metamorfosis, 
                el posible fracaso de su cuerpo y su alma.


miércoles, 21 de octubre de 2026

Sinceramente tuyo - Joan Manuel Serrat (1983)

               

                No escojas sólo una parte,
                tómame como me doy,
                entero y tal como soy,
                no vayas a equivocarte.

                Soy sinceramente tuyo
                pero no quiero, mi amor,
                ir por tu vida de visita,
                vestido para la ocasión.
                Preferiría con el tiempo
                reconocerme sin rubor.

                Cuéntale a tu corazón
                que existe siempre una razón
                escondida en cada gesto.
                Del derecho y del revés
                uno sólo es lo que es
                y anda siempre con lo puesto.
                Nunca es triste la verdad,
                lo que no tiene es remedio.

                Y no es prudente ir camuflado
                eternamente por ahí,
                ni por estar junto a ti
                ni para ir a ningún lado.

                No me pidas que no piense
                en voz alta por mi bien,
                ni que me suba a un taburete,
                si quieres probaré a crecer.
                Es insufrible ver que lloras
                y yo no tengo nada que hacer.

                Cuéntale a tu corazón
                que existe siempre una razón
                escondida en cada gesto.
                Del derecho y del revés
                uno sólo es lo que es
                y anda siempre con lo puesto.
                Nunca es triste la verdad,
                lo que no tiene es remedio.








martes, 20 de octubre de 2026

a medio afinar




        me quemo los labios y la lengua,
        no como quisiera,

        sino al fragor de fracasar en el canto.

        la memoria muscular
        se manifiesta en una pulsación lenta
        que casi no falla.
        la guitarra a medio afinar
        canta de nuevo una canción vieja.
        la voz titubea, pero no renuncia
        a recuperar el oficio del juglar.

        dos círculos armónicos de notas
        intentan encontrarse.
        voz y dedos se esfuerzan, pero fallan.
        la lírica se ha extraviado.
        queda solo el arpegio.

        ¿qué urgencia podrá inflamar
        otra vez el libro de la memoria?
        ¿qué argucia acústica hay que recuperar
        para escapar en una canción
        sobre los sueños azules
        que danzan al pie de un acantilado?




lunes, 19 de octubre de 2026

juantasma






esperaba quieto en la esquina.
no reconocí su figura a primera vista;
di la vuelta para saber 
con total certeza de su presencia. 
los mocasines fueron decisivos.

con la mano hizo la señal de beber: salud.
le dije no, muchas gracias, toca dormir.
pregunté qué hacía en la calle desierta.
dijo que se sentía solo, que necesitaba compañía,
que creía que yo me sentiría igual.

bajé del coche, me senté a su lado,
acepté un trago de licor azulino,
prendimos unos cigarros y al rato cantamos.
me caía de sueño. me despedí: buenas noches,
lo abracé, un último trago, buenas noches.

a la mañana siguiente, caminé a la esquina
pensando en lo extraño del sueño.
aun así, buscaba signos de la tertulia:
cero colillas, ninguna botella, 
solo un par de mocasines,

abandonados.



domingo, 18 de octubre de 2026

molle






        ¿qué puede saber un niño sobre el delirio en el amor?
        según el azar de su estrella,
        de abundancia o escasez,
        ha recorrido las sendas de sus padres,
        las de las profesoras en la escuela.
        sabría, tal vez, algo del acierto y el error,
        del premio o la sanción,
        de un abrazo o el frío, 
        del hambre o un beso,
        la combinación ilógica de ambos extremos:
        la tibieza, el quizás.

        ¿qué ha podido encontrar en los libros, en el dicen que,
        en las canciones de la radio o en la fiesta de las calles?
        ¿cómo podría quedar cautivo de imágenes no vividas?
        ¿qué objetos y deseos esconde la fantasía fuera del diccionario?

        y tú, ¿qué viste además de piratas y doncellas en peligro?
        ¿cómo imaginabas un fantasma dentro del tronco negro de un molle?
        ¿por qué ansiabas un beso con sabor a moras?




sábado, 17 de octubre de 2026

El amante [fragmentos] - Marguerite Duras





Sobre un paisaje de la niñez:

"Recuerdo mal los días. La luminosidad solar empañaba los colores, aplastaba. De las noches me acuerdo. El azul estaba más lejos que el cielo, estaba detrás de todas las densidades, recubría el fondo del mundo. El cielo, para mí, era esa estela de pura brillantez que atraviesa azul, esa fusión fría más allá de cualquier color. A veces, en Vinhlong, cuando mi madre estaba triste, hacía enganchar el tílburi e íbamos al campo a ver la noche de la estación seca. Tuve esa suerte, la de las noches, la de esa madre. La luz caía del cielo en cataratas de pura transparencia, en trombas de silencio y de quietud. El aire era azul, se cogía con la mano. Azul. El cielo era esa palpitación continua de la brillantez de la luz. La noche lo iluminaba todo, todo el campo a cada orilla del río hasta donde alcanzaba la vista. Cada noche era particular, cada una podía denominarse según el tiempo de su duración. El sonido de las noches era el de los perros del campo. Aullaban al misterio. Se contestaban de pueblo a pueblo hasta la total consumación del espacio y del tiempo de la noche."

Sobre la inmortalidad que muere:

"Habrá que prevenir a la gente de esas cosas. Enseñarles que la inmortalidad es mortal, que puede morir, que ha ocurrido, que sigue ocurriendo. Que no se muestra como tal nunca, que es la duplicación absoluta. Que no existe nunca en los pormenores sino en el principio. Que algunas personas pueden encubrir su presencia, a condición de que ignoren el hecho. Al igual que otras personas pueden detectar la presencia en esas gentes, también pueden ignorar que pueden hacerlo. Que la vida es inmortal mientras se vive, mientras está con vida. Que la inmortalidad no es una cuestión de más o menos tiempo, que no es una cuestión de inmortalidad, que es una cuestión de otra cosa que permanece ignorada. Que es tan falso decir que carece de principio y de fin como decir que empieza y termina en la vida del alma desde el momento en que participa del alma y de la prosecución del viento, Mirad las arenas muertas del desierto, el cuerpo muerto de los niños: la inmortalidad no pasa por ahí se detiene y los esquiva."

Sobre la memoria de la muerte:

"Ha parado el viento bajo los árboles hay esa luz sobrenatural que sigue a la lluvia. Los pájaros gritan con todas sus fuerzas dementes, afilan el pico contra el aire frío, lo hacen sonar en toda su amplitud de modo ensordecedor."

viernes, 16 de octubre de 2026

pareidolia




espectros con su rostro
en cada lugar y en cada momento.
un paso seguro al sanatorio,
o por lo menos a terapia.

ya no se trata de un tic obsesivo,
como contar múltiplos de cinco,
sino de verla ocupar el rostro
de cuanta mujer pasa a mi alrededor.

todo empezó con su alzado frontal
y la melena ensortijada:
la primera posesión.

después vinieron su perfil
y la memoria de su silueta de espaldas,
hasta que su fantasma ocupó
todo cuerpo femenino.

viene siempre por mí,
me habla,
dice un poco de todo,
y yo le respondo con cortesía que lo siento,
que fue mi error malinterpretar
los signos comunes de su anatomía.

despierto mil veces ante sus embestidas.

y extraño contar coches y losas:
cinco, diez, cien, mil.

y vuelve a aparecer. 


jueves, 15 de octubre de 2026

tercerita







«Al paso» llegamos dos veces 

en un primer intento
contamos y olimos libros
a medio uso,
vaciaste tus bolsillos
en tus títulos y en el mío:

en el que me regalaste
me alegró la ballena del logotipo,
una edición de bolsillo
de cuentos de niños traviesos
que trepan globos sin rumbo
y de ases de máquinas volantes;

en los tuyos,
el amor y sus demonios
y la pasión que destruye
a Calisto y Melibea

afuera un aguacero.
comimos galletas de avena y frutos rojos,
bebimos café.
pensé que temblabas de frío
tonto, ¡tontísimo yo!

en un segundo intento
los ritmos eran otros,
temblaba yo de calor

sobre la mesa no había libros,
solo una charla
sobre un doctorado francés en astrología,
películas fantásticas que no conocía,
una artesanía vienesa,
el futuro en un mazo de cartas,
en las líneas de mi mano,
el pecado y su castigo

en la cueca
la segundita
es preámbulo de la tercerita
y —si los cuerpos quieren—
se puede bailar hasta la muerte



miércoles, 14 de octubre de 2026

las doce




los segundos, las semillas, los colibríes
se amontonan
y el verde sube oloroso por los cerros

los frutos tempranos de la primavera
pasan por las calles en carretillas de lata,
pregonados de esquina en esquina:
uvas coloradas y verdes que brillan
y una palta del tamaño de una liebre
que salta del montón

un niño pide cosquillas menudas
con la boca llena de plátano:
la campana le ha regalado un recreo

otro llora porque le dieron un pelotazo
y el suelo se come su manzana;
las hormigas hacen fila por el almíbar

en la pared, la rueda gira
hasta juntar sus tres radios en las doce

los colibríes beben de las flores amarillas del portal
y el niño de la manzana
sigue llorando bajo ellas

martes, 13 de octubre de 2026

deserción


un hombre solo,
sentado en una banca barroca
de plaza moderna, ascética
—de esas incómodas que sirven
para tomar el sol, bañarse de viento
y pensar—,
piensa que ella es una piedra preciosa
de las que brillan en estantes aterciopelados,
inasible

un estruendo,
como una torre de piedra que se desploma,
rompe el piso:

las palomas se levantan todas a la vez
y no vuelven a bajar;
el agua de la fuente se escurre
en hilos lentos hacia arriba;
la luz se dobla sobre algo
que no se ve:
una nave de bóveda de aire
y columnas de nada,
más alta que la iglesia de la esquina

se abre una puerta en el vacío
y en el umbral, suspendida,
una sonrisa asimétrica,
envuelta en membranas dolorosas,
da un paso en el aire:
eres tú

me envuelves también
y me dices que te hice falta

detrás tuyo
las plataformas flotantes se ordenan como escalones;
un zumbido grave trepa por mis huesos
y me desprendo del cuerpo
como de un abrigo mojado

miro atrás y abandono el tiempo,
la plaza, la banca y mi nombre:
como Fowler en Júpiter,
ya no quiero ser hombre

al despertar
tengo las tablas talladas en la espalda
y en la cara un frío
que no es de esta plaza

un policía me dice que me vaya

buscaré una banca más cómoda,
cambiaré de plaza







lunes, 12 de octubre de 2026

12 de octubre

 




sobre el agua
la tierra despliegan
ambición y hiel

Amor y muerte - Giacomo Leopardi (1831-1833)


Muere joven aquel que al cielo es caro.
Meandro

Hermanos a la vez creó la suerte
al Amor y a la Muerte.
Otras cosas tan bellas
en el mundo no habrá ni en las estrellas.
Nacen de aquél los bienes,
los placeres mayores
que en el mar de la vida el hombre halla;
y todos los dolores,
todo mal borra ella.

Bellísima doncella,
de dulce ver, no como
se la imagina la cobarde gente,
al tierno Amor le hace
compañía frecuente,
y el camino mortal juntos recorren
y a todo sabio corazón alivian.
No hay corazón más sabio
que el herido de amor, ni que la vida
infausto más desprecie,
ni que por otro dueño
como por éste los peligros busque;
donde tu llama prende,
amor, nace el aliento
o se despierta; y tu saber en obras,
no, como suele, en pensamiento vano,
muestra el linaje humano.

Cando encendidamente
nace dentro del alma
un afecto amoroso,
justamente con él un misterioso
lánguido anhelo de morir se siente;
cómo, no sé; mas ésta es la primera
señal de amor verdadero amor potente.
Quizás a la vista entonces
espanta este desierto; acaso espera
el mortal que ha de hallar inhabitable
la tierra sin aquella
nueva, sola, infinita
felicidad que su pesar figura;
mas presintiendo el corazón por ella
terrible tempestad, quietud ansía
y refugio apetecem
ante el fiero deseo
que en torno ruge y todo lo oscurece.

Cuando lo envuelve todo
la formidable fuerza
y fulmina en el alma afán constanten
¡Cuántas veces te implora
con intenso deseo,
oh, dulce muerte, el dolorido amante!
¡Cuántas veces, oh, cuántas a la noche
o al alba abandonándose rendido
juzgó gran dicha que jamás pudiera
despertar de su sueño
ni ver la luz amarga nuevamente!
Y al son a veces de la triste esquila,
del canto que conduce
a los que mueren al eterno olvido,
con suspiros ardientes
de lo íntimo del pecho envidia turo
de aquel que bajo tierra habitar iba.
Hasta la tosca plebe,
el labriego, que ignora
toda virtud que del saber deriva,
hasta la joven tímida esquiva,
que de la muerte al nombre
sentía sus cabellos erizarse,
contemplan ya la tumba y el sudario
con un mirar de fortaleza lleno,
y en hierro y veneno
meditan largamente,
y aun en su indocta mente
la gentileza del morir comprenden,
Tanto a la muerte inclina
de amor la disciplina. Y es frecuente
que la tierna pasión llegue a tal punto
que la fuerza vital no se sostenga,
y el ceda el cuerpo frágil
a la terrible lucha, y de esta suerte
por fraterno poder triunfe la muerte,
o tanto instigue el Amor en lo profundo
del corazón que el tosco campesino
y la tierna doncella
con mano violenta
su carne juvenil den a la tierra.
Ríe entonces el mundo,
al que el cielo vejez y paz consienta.

Al ferviente, al dichoso,
al animoso ingenio
conceda el hado alguno de vosotros,
dulces dueños, amigos
del humano linaje,
cuyo poder no hay nada que aventaje
en el mundo, pues sólo la potencia
del hado es superior a vuestra esencia.
Y tú, a quien ya desde mis verdes años
honrando siempre invoco,
bella Muerte, piadosa
tan sólo tú de aflicción terrena,
si celebrada fuiste
alguna vez por mí, si del mezquino
vulgo la ofensa a tu esplendor divino
enmendar un día quise,
no tardes más, mis ruegos
vehementes escucha,
¡Cierra mis ojos tristes
para siempre a la luz, reina del tiempo!
Me hallarás ciertamente, a cualquier hora
en que tus alas hacia mí despliegues,
levantada la frente, apercibido,
resistiendo al destino;
la mano que al herirme se colora
con mi sangre inocente
no de colmar de elogios
ni bendecir, cual hace
por antigua ruindad la humana gente;
toda vana esperanza, en que se engañan
como niños los hombres,
todo necio consuelo
desecharé, y a nadie en tiempo alguno
oh Muerte, he de aguardar sino a ti sola;
tan sólo el día esperaré sereno
en que recline adormecido el rostro
en tu virgíneo seno.

(Traducción de Miguel Romero Martinez)