Lo cierto es que yo iba de un lado a otro, A veces chocaba con los árboles, Chocaba con los mendigos, Me abría paso a través de un bosque de sillas y mesas, Con el alma en un hilo veía caer las grandes hojas. Pero todo era inútil, Cada vez me hundía más y más en una especie de jalea; La gente se reía de mis arrebatos, Los individuos se agitaban en sus butacas como algas movidas por las olas Y las mujeres me dirigían miradas de odio Haciéndome subir, haciéndome bajar, Haciéndome llorar y reír en contra de mi voluntad.
De todo esto resultó un sentimiento de asco, Resultó una tempestad de frases incoherentes, Amenazas, insultos, juramentos que no venían al caso, Resultaron unos movimientos agotadores de caderas, Aquellos bailes fúnebres Que me dejaban sin respiración Y que me impedían levantar cabeza durante días, Durante noches.
Yo iba de un lado a otro, es verdad, Mi alma flotaba en las calles Pidiendo socorro, pidiendo un poco de ternura; Con una hoja de papel y un lápiz yo entraba en los cementerios Dispuesto a no dejarme engañar. Daba vueltas y vueltas en torno al mismo asunto, Observaba de cerca las cosas O en un ataque de ira me arrancaba los cabellos.
De esa manera hice mi debut en las salas de clases, Como un herido a bala me arrastré por los ateneos, Crucé el umbral de las casas particulares, Con el filo de la lengua traté de comunicarme con los espectadores: Ellos leían el periódico O desaparecían detrás de un taxi.
¡Adónde ir entonces! A esas horas el comercio estaba cerrado; Yo pensaba en un trozo de cebolla visto durante la cena Y en el abismo que nos separa de los otros abismos.
Han pasado ochenta y seis días desde que la lluvia radioactiva cayó por última vez sobre la ciudad.Es pronto para saber si los pastizales recobrarán sus verdes en primavera. Es abril, tenemos todavía un largo trecho hasta el solsticio de septiembre.Resta también saber si los hombres-libro podremos sobrevivir a las bandas carroñeras que pululan por el campo buscando restos de gasolina. Por ahora, quienes habitamos en esta pequeña casa de tierra: Cumbres borrascosas, Corsario negro, Cartuja de Parma, Largo adiós, Lobo de mar, Matadero cinco, Divina comedia y 2066, mantenemos el buen ánimo.Los invernaderos improvisados cumplen con cabalidad su misión y además de ser discursos literarios caminantes, también somos campesinos aprendices. Un año ha parecido diez.A fuerza de conocernos, todos sabemos mucho sobre las dialécticas amorosas de Honorata y Emilio, Heathcliff y Catherine, Paolo y Francesa. Argumentamos que Marlowe podría resolver algunas intrigas en Ciudad de México pero difícilmente en Tijuana. Deseamos todos algún día conocer Parma, toda Italia. También bromeábamos sobre que trabajar el campo nos hará tan fuertes y pronto seríamos lobos de tierra, claro: menos cínicos.
siddharta, según hesse, ejecutó sin reclamo, durante muchos años, las tareas rutinarias de un barquero. aprendió a amar el mundo en torno a los menesteres de ayudar a la gente a atravesar un río; a escuchar, ver y sentir cuanto ocurría en su rededor, sin más protocolo que el ejercicio de existir. quizás una tarde otoñal, el viento, en complicidad con el agua y las hojas de los semules y ficus, pudo enseñarle también de la muerte como puente entre la vida humana y la eternidad de la naturaleza. quizás un día, como govinda, desligada del lastre de los años, me encuentres y te sonría y puedas verme de nuevo y, al menos por un instante, sonrías también.