me muevo oscilante
por las veredas angostas
de la noche
desde que sé de tu respiración
pienso y siento
diferente
hay un cambio en la disposición
de los engranajes del día:
estoy despierto y leo con el sol
sin parar y duermo
cuando el hambre o la oscuridad
me convocan
no paro de buscar la elegía
que guardé en un libro
y no encuentro todavía
entiendo que el azar
juega con el reloj
y que el tiempo
que este artilugio inventa
no tiene amo ni guía
no podría ser desconsideración
por ello:
de nadie
que nos conociéramos
dos vulgares transeúntes
en ese incierto cruce
de calles
tú quién sabe buscando qué yo, pasando, otra vez
arrastrando el tedio como si llevara siglos pasando
del calendario espectro de mí mismo
convencional eco de una carne
de la vida que fue
los dos en la misma encrucijada
tan distantes de cualquier discusión
a porfía sobre el sentido de la vía
como dos sombras
que se cruzan
sin saber
que ya se han cruzado
en otro siglo
en otra noche
bajo la misma
luna
pálida
y sin embargo,
aquí estamos
en el cruce
de caminos
y de tiempos
dos transeúntes que la suerte
ha puesto frente a frente
sin saber que el destino
—si es que existe—
ya escribió su verso
con la misma tinta
con que escribe
el olvido
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lunes, 22 de junio de 2026
suerte
Etiquetas:
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Poesía
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