lunes, 22 de junio de 2026

suerte

me muevo oscilante
                        por las veredas angostas
                                  de la noche
                         desde que sé de tu respiración
                               pienso y siento
                                   diferente
                        hay un cambio en la disposición
                        de los engranajes del día:
                  estoy despierto                      y leo con el sol
                  sin parar                            y duermo
                  cuando el hambre                     o la oscuridad
                  me convocan
                  no paro de buscar la elegía
                  que guardé en un libro
                  y no encuentro todavía

                  entiendo que el azar
                  juega con el reloj
                  y que el tiempo
                  que este artilugio inventa
                  no tiene amo ni guía
                  no podría ser desconsideración
                  por ello:
                             de nadie
                             que nos conociéramos
                             dos vulgares transeúntes
                             en ese incierto cruce
                                      de calles

tú quién sabe buscando qué                           yo, pasando, otra vez
arrastrando el tedio                                 como si llevara siglos pasando
del calendario                                       espectro de mí mismo
convencional                                         eco de una carne
de la vida                                           que fue

                  los dos en la misma encrucijada
                  tan distantes de cualquier discusión
                  a porfía sobre el sentido de la vía
                  como dos sombras
                             que se cruzan
                                      sin saber
                                             que ya se han cruzado
                                                  en otro siglo
                                                       en otra noche
                                                            bajo la misma
                                                                 luna
                                                                 pálida

                  y sin embargo,
                             aquí estamos
                                      en el cruce
                                             de caminos
                                                    y de tiempos
                  dos transeúntes que la suerte
                  ha puesto frente a frente
                  sin saber que el destino
                  —si es que existe—
                             ya escribió su verso
                                      con la misma tinta
                                               con que escribe
                                                        el olvido



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