en el Sherwood contemporáneo
no hay bosque que valga:
los terrenos cuestan dos ojos de la cara
y los nacidos ciegos son parias en la calle,
a quienes pasamos de largo por no decirles vecinos.
los árboles son postes de electricidad
y las flechas, facturas de luz.
Robin ya no roba: hereda.
y usted, que escribe,
poeta de la sombra,
siga temiendo caer al cielo.
mientras tanto, los demás caemos al suelo
con la cabeza llena de facturas impagas,
oliendo a la colonia Jean Naté
del banquero que sonríe mientras esto se lee
en su oficina con aire acondicionado.
no sabe que el poema es un espejo,
que la colonia también huele a miedo.
¿y usted, poeta de la sombra,
sigue temiendo caer al cielo
o ya aprendió que el cielo
es el techo de este banco?

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