cada paso es el pulso en otro cuerpo.
la acera se desdobla como un espejo:
de un lado camino yo; del otro, la deriva.
el orégano y el romero
se cuelan en los trajes de ciudadano,
en el bolsillo de la chaqueta,
en el sombrero,
en el té que se enfría sobre el escritorio.
el tiempo dorado se vuelve barro en la mano que tiembla.
te filtras en los textos
que ya no puedo leer sin pensar en el timbre de tu voz
diciendo un poema.
no es un sabotaje:
es una rendición que huele a hierbas secas.
esto no avanza, se va quedando.
se demora en la piel,
en la forma de dormir,
en la sombra que me usurpa el día.
firmé la entrega sin saber
que el aire ya estaba suspendido,
entre el incienso, el perfume y las velas,
en cada paso que es pulso en tu cuerpo.

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