impromptus nos refugiamos en los cuerpos de nuestros camaradas
y su espíritu de cuerpo.
por fortuna tú venías con tu pelotón constante
y fue fácil el camuflaje en las miradas cómplices.
yo acababa de cargar la cantimplora,
a punto de correr a la guarida.
una ráfaga de miradas me acribilló en el intento
excavé el fango y me enterré hasta la cresta.
hay mucho silencio acá en los túneles
donde creo que viviré entre huesos de caídos,
hasta que la guerra se olvide de mí.
pero amargo sobre amargo:
peor que un nocturno,
olvidé los libros y el cargador de la linterna.

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