se fue corriendo pata pelada,
tomando su chocolatada,
riéndose de nosotros.
no quiso venir,
se quedó jugando con los chanchitos
en el barro,
los dientes de león
y cuanto árbol encuentra
a su paso.
imagino su sonrisa,
de dientes apenas alineados,
sus labios delgados,
el izquierdo inferior un poco inclinado,
y esos rulos castaños,
perfumados de pitaya
y que serían la perdición
de un poeta
converso al canto.
