a veces tengo recaídas:
de la cama al suelo,
fumo sin parar,
dejo de hablar,
empiezo más libros de los que puedo acabar,
como más de tres veces al día
y no levanto el culo del computador.
entonces te veo caminando por el corredor,
con la mirada triste y la boca preguntando:
—¿y ahora qué hacemos?—
me froto los ojos,
pero el humo del cigarro inunda el cerebro;
me hundo de cabeza en el suelo
y vuelvo a caer.
es que te sueño mucho
y no hay remedio a la vista.

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