a veces trepo hasta las nubes,
llevo conmigo este cuerpo
y desciendo veloz y me estrello.
me convierto en infinitas piezas de un rompecabezas
y en cada una veo infinitas sonrisas
-taciturnas, redondas, vacías, tiernas, de marfil, salvajes-
arden y se consumen mientras las miro.
me extingo con cada una de éstas,
hasta que recupero, en el último grano de ceniza,
mi forma de cada día.
mis pulmones reconstituidos,
respiran y vuelvo al sueño de la vida y el tiempo.
sin plan: mis piernas caminan por donde salga el sol
hasta que éste pacte con la noche.
entonces, mis brazos sujetan una cuerda de rayos nocturnos,
trepo por encima del cielo y la espiral negrura.
mis ojos calculan las ondas espectrales
y calibrados distinguen los límites de lo posible.
fuera de él, sonríes al ver mi rutina primitiva.
pienso en un beso y cierras la puerta.
todo se diluye en la oscuridad.
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