me pediste la banda sonora del desastre,
un cliché de acordes menores para justificar el reloj.
la ejecutamos a dúo, al unísono de nuestra necesidad.
tú te irás a vender tu trabajo al día siguiente,
yo en la cocina, con la luz fluorescente,
ensayando esta tristeza de consumo interno:
en la primera carta
escribí que conocía el final.
la tocamos juntos:
tu viniendo y yo sabiendo
que también te irías.
tu poltrona está vacía
la canción sigue sonando.
has de estar caminando,
al trabajo, a buscar tus niños.
porque así debe ser,
distraerse esta bien por un momento.
no pierdes el objetivo;
yo ordenando la cocina.
la música en mis pabellones:
de una nueva misiva...
solo sé del remitente.

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