sentir frío y estar envuelto de gente
no es melancolía rosa.
no entiendo la revolución sin tu camaradería.
tu cuerpo y mi cuerpo agazapados sobre la cama,
enfrentando el invierno,
resolviendo el desencuentro de la mañana,
discutiendo en la cocina sobre los resultados del censo,
las implicaciones en el porvenir
de los hijos que no podemos tener,
que el censo no alcanzó a contar,
de las posibilidades de la vida si llegamos a viejos:
el alquiler, las medicinas, los anteojos, las mantas...
no la entiendo, sin tu llanto y tu tristeza,
sin los ensayos y los errores de tratar con tu presencia,
cuando nuestros deseos no cuadran
y se estrellan periodicamente,
cuando el resultado podría ser la falta de tu piel y saliva.
no la comprendo, sin la probabilidad de conjugar un nosotros:
en la cama, discutiendo, en la cocina, haciendo el amor,
en la calle, discutiendo el censo otra vez,
y así renovando el contrato cada día.
porque el amor es una deuda que no se paga, se renueva.
mientras la tierra espera su turno bajo el cemento.

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