¿qué andarás haciendo ahora,
en qué morada habitas,
qué abracadabra podría vulnerar tu secreto?
alejada del miedo y los cadáveres,
deseo.
en qué morada habitas,
qué abracadabra podría vulnerar tu secreto?
alejada del miedo y los cadáveres,
deseo.
dice Amapola:
no puedo decir en qué lugar estoy
porque mi forma es incorpórea.
habito en el instante en que tu voz me invoca,
en la tapa de un viejo libro,
en el haz de luz que titila
antes de inundar el ventanal de tu morada.
existo en el tiempo que dedicas a recordarme,
a releerme y pensarme en voz alta.
porque mi forma es incorpórea.
habito en el instante en que tu voz me invoca,
en la tapa de un viejo libro,
en el haz de luz que titila
antes de inundar el ventanal de tu morada.
existo en el tiempo que dedicas a recordarme,
a releerme y pensarme en voz alta.
no hay abracadabra que vulnere mis secretos.
porque están vetados de tu memoria:
estoy lejos de lo que buscas.
el abracadabra eres tú cuando me llamas.
el secreto no está en mí,
está en la raja que imaginas al formular preguntas.
ahí, en esa ausencia incompleta.
y sí: soy, voy, estoy. pero en ti.
alejada del miedo y tus cadáveres.
porque no hay muerte donde las palabras van y vuelven.
ni hay miedo donde reside la curiosidad inocente.
sé que tus preguntas no hallarán respuesta,
sino otras preguntas más hondas.
esas que el olvido, atizado por el tiempo, tal vez devore.
deseo, no obstante, que sigas buscando mi morada,
abracadabra, mis secretos...
y que al hacerlo, antes de encontrarme,
en lo poco que todavía quede de mi,
te encuentres a ti mismo en el umbral.
ahora pienso también,
mientras intentas no olvidarme y te olvidas de vivir:
¿qué más andarás haciendo,
más allá de preguntar?

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