Después surgieron otros elementos de la Creación:
surgieron los cabellos para cubrir el cuerpo,
las hélices de los brazos para cortar el aire
(a veces el brazo izquierdo desaparecía en el caos, quedaba solamente el brazo derecho).
Y surgieron los ojos para iluminar el resto del cuerpo.
Y surgieron sirenas de la garganta de Jandira,
el ámbito entero se hizo eterno de sonidos
más palpables que el de las aves.
Y las antenas de las manos de Jandira
captaban los objetos animados, inanimados,
dominaban los lirios, los peces, las máquinas.
Y los ángeles se desmayaban en los caminos visibles del espacio
cuando Jandira peinaba sus cabellos...
Después el mundo se mostró completamente,
se fue levantando, armado de anuncios luminosos.
Y Jandira apareció íntegra,
de la cabeza a los pies.
Todas las partes del mecanismo tenían importancia,
Y Jandira apareció con el cortejo de su padre,
de su madre, de sus hermanos.
Ellos obedecían las señas de Jandira
que crecía a la vida en gracia, belleza, violencia.
Los enamorados pasaban, olían los senos de Jandira
y eran precipitados en las delicias del infierno.
Ellos jugaban a causa de Jandira,
abandonaban novias, esposas, madres, hermanas, a causa de Jandira,
y Jandira nada les había pedido.
Y los diarios publicaron retratos a causa de Jandira.
Y aparecieron flotando cadáveres a causa de Jandira.
Algunos enamorados vivían y morían
por la mínima cosa de Jandira.
Uno de ellos se suicidó a causa de la boca de Jandira.
Otro, a causa de un lunar de la mejilla izquierda de Jandira.
Y los cabellos de Jandira
crecían furiosamente con potencia de las máquinas,
no se le caía ni una hebra,
ni ellas se los despuntaba.
Y la boca de Jandira era un disco rojo
tal cual un sol chiquito.
En torno al perfume de Jandira
su familia andaba atolondrada.
Las visitas se confundían en sus conversaciones a causa de Jandira.
Y un sacerdote en misa
olvidó hacerse la señal de la cruz a causa de Jandira.
Y Jandira casóse.
Y el cuerpo de Jandira inauguró una vida nueva,
aparecieron ritmos que estaban en reserva,
combinaciones de movimientos entre las caderas y los senos.
A la sombra del cuerpo de Jandira
nacieron cuatro niños que repiten
las formas y los ademanes de Jandira desde el principio del tiempo.
Y el marido de Jandira
murió en la epidemia de fiebre amarilla.
Y Jandira cubrió la sepultura con sus cabellos.
Desde el tercer día el marido de Jandira
hizo un brutal esfuerzo para resucitar:
no se conforma, en el encierro oscuro en que está,
que Jandira viva sola,
que sus senos, y sus cabellos perturben la ciudad
y en quedarse allí, inútilmente.
Y las hijas de Jandira
parecen aún menos jóvenes que la madre.
Y Jandira no muere,
espera que las trompetas del juicio final
vengan a buscar su cuerpo,
pero no vienen.
Y, si viniesen,
¡el cuerpo de Jandira
resucitará todavía mayor, más ágil y transparente!
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