a Adela
he cruzado varias sendas.
casi siempre voy directo a mis intereses.
alguna vez
me detengo a conversar con las caminantes.
me lleva la charla
y dejo la tristeza por la senda.
vuelvo al día siguiente.
de mi travesía acompañada
rescato tres voces, cuatro:
una compañera estudiante dice:
el patriarca oprime con el orden casto
y hay que compensar los años postergados.
la madre de un amigo dice:
el sacrificio del cuerpo y los sueños
no alcanza para renovar nada
porque el tiempo en la piel no se rebobina.
una secretaria dice:
el salario no alcanza
y las horas extra
no pagan el saber técnico ni el político.
estoy mejor sin ese hombre.
una dirigente barrial dice:
nos aplastan desde adentro del género
y desde afuera del aparato.
por eso el pan nos cuesta el doble.
no sé si la única opción de un mundo alternativo
pasa por las mujeres,
o si lo digo porque las amo.
no sé si me mueve la costumbre,
el sueño de la mano de mi amada,
o el juicio afilado de la estudiante,
las miradas en la calle
de cuantas caminan de ida y vuelta a la escuela,
al trabajo.
hay una sensibilidad que atraviesa los mensajes
y que yo no tengo.
la reconozco
como se reconoce el olor de la casa materna
sin saber de dónde viene.
no entenderla no me priva de sentirla
—¿o será que la entiendo
y no quiero saberlo?—
los besos de mi madre.
la mano de mi amada.
las miradas en la calle.
eso es lo que sé del mundo alternativo.
lo demás son teorías
que todavía no sé leer.
para no tener que aprenderlas,
¿qué me ha bastado?
nacer hombre.


0 comentarios:
Publicar un comentario