espectros con su rostro
en cada lugar y en cada momento.
un paso seguro al sanatorio,
o por lo menos a terapia.
en cada lugar y en cada momento.
un paso seguro al sanatorio,
o por lo menos a terapia.
ya no se trata de un tic obsesivo,
como contar múltiplos de cinco,
sino de verla ocupar el rostro
de cuanta mujer pasa a mi alrededor.
todo empezó con su alzado frontal
y la melena ensortijada:
la primera posesión.
después vinieron su perfil
y la memoria de su silueta de espaldas,
hasta que su fantasma ocupó
todo cuerpo femenino.
viene siempre por mí,
me habla,
dice un poco de todo,
y yo le respondo con cortesía que lo siento,
que fue mi error malinterpretar
los signos comunes de su anatomía.
despierto mil veces ante sus embestidas.
y extraño contar coches y losas:
cinco, diez, cien, mil.
y vuelve a aparecer.


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