me quemo los labios y la lengua,
no como quisiera,
sino al fragor de fracasar en el canto.
la memoria muscular
se manifiesta en una pulsación lenta
que casi no falla.
la guitarra a medio afinar
canta de nuevo una canción vieja.
la voz titubea, pero no renuncia
a recuperar el oficio del juglar.
dos círculos armónicos de notas
intentan encontrarse.
voz y dedos se esfuerzan, pero fallan.
la lírica se ha extraviado.
queda solo el arpegio.
¿qué urgencia podrá inflamar
otra vez el libro de la memoria?
¿qué argucia acústica hay que recuperar
para escapar en una canción
sobre los sueños azules
que danzan al pie de un acantilado?


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