de pequeña buscó en todo tipo de semillas
y encantamientos.
luego se ilusionó con las promesas del amor
y los efectos de lo eterno,
por saber si acaso era cierto que la gravedad
rompía sus leyes en los besos inmediatos.
buscó en los mejores amigos y gurús,
fue a conferencias esotéricas,
leyó folletos, probó inciensos e invocó muertos.
solo en el tropiezo con los libros encontró
lo más cercano al suelo.
quiere ver el pico de una montaña lejana,
si acaso rasga el cielo raso,
para poder trepar por él hasta el techo de su mundo,
no para ver a algún dios elevado al infinito,
sino para observar los caminos recorridos,
la huella y la metamorfosis,
el posible fracaso de su cuerpo y su alma.


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