toma el camión cada mañana.
le duele la muela, la aspirina no ha sido suficiente,
todavía toca sufrir las tostadas del desayuno.
el café podría ayudar.
—hola, Marta.
—hola, maestra.
toca saludar dieciocho veces, oficialmente,
de memoria, todos los grados.
—hola, Pascual.
—hola, doctor. ¿cómo fue la cascarita de anoche?
—estuvo buena, ganamos la reta.
hoy me visitan unos profesores gringos;
los tratas bien y que se vayan directo a mi oficina.
—sí, doctor, no se preocupe.
—Pascual.
—mande.
—me avisas cuando lleguen los del delivery,
tengo que preparar el desayuno de trabajo
para los profesores visitantes.
—no se preocupe, señora, le aviso.
ya se enfrió el cafecito.
todavía duele el diente.
una segunda aspirina no ayuda.
tocará sacar la ficha para la dentista.
—Pascual,
necesito que vayas a la oficina del profesor Pérez
y recojas las dos cajas de libros
que tiene para nuestra actividad de la tarde.
—sí, señor, voy ahora mismo.
Felipe se queda monitoreando la puerta.
¿cómo le habrá ido a mi hija Lupe en su examen?
cruza los dedos y le pide a la Señora
que le conceda un buen examen.
ya es hora del almuerzo, los profesores se fueron.
toca revisar si algo falta en la secretaría,
si hay algún mandado pendiente.
los frijoles con nopalitos y chorizo,
las tortillas ya están frías.
la muela late.
el mensaje de la Lupe es positivo:
parece que el examen salió bien.
son las cinco, el edificio está vacío.
llega el relevo de turno.
toca buscar las conchas para la cena.
el camión está lleno,
la mitad va durmiendo,
cobija el aire espeso.
—buenas noches, papá.
—Lupita, cuéntame cómo te fue con el examen.
hay conchas,
coca cola o café con leche para beber.
la muela no deja de latir,
pero ya es tarde y hay que dormir.
si Lupe no consigue la ficha,
mañana, pasado, toca de nuevo resistir.
¿y si la consigue?
¿y si la huelga mejora nuestra quincena?
¿y si ganamos la liguilla?
—ya ganaremos, Pascual, ya ganaremos.
yo solo te saludaba.
nunca supe qué fue de esa muela.


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