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martes, 27 de octubre de 2026

Pascual






toma el camión cada mañana.
le duele la muela, la aspirina no ha sido suficiente,
todavía toca sufrir las tostadas del desayuno.
el café podría ayudar.

 

—hola, Marta.
—hola, maestra.

toca saludar dieciocho veces, oficialmente,
de memoria, todos los grados.

 

—hola, Pascual.
—hola, doctor. ¿cómo fue la cascarita de anoche?
—estuvo buena, ganamos la reta.
hoy me visitan unos profesores gringos;
los tratas bien y que se vayan directo a mi oficina.
—sí, doctor, no se preocupe.

 

—Pascual.
—mande.
—me avisas cuando lleguen los del delivery,
tengo que preparar el desayuno de trabajo
para los profesores visitantes.
—no se preocupe, señora, le aviso.

 

ya se enfrió el cafecito.
todavía duele el diente.
una segunda aspirina no ayuda.
tocará sacar la ficha para la dentista.

 

—Pascual,
necesito que vayas a la oficina del profesor Pérez
y recojas las dos cajas de libros
que tiene para nuestra actividad de la tarde.
—sí, señor, voy ahora mismo.
Felipe se queda monitoreando la puerta.

 

¿cómo le habrá ido a mi hija Lupe en su examen?
cruza los dedos y le pide a la Señora
que le conceda un buen examen.

 

ya es hora del almuerzo, los profesores se fueron.
toca revisar si algo falta en la secretaría,
si hay algún mandado pendiente.

 

los frijoles con nopalitos y chorizo,
las tortillas ya están frías.
la muela late.
el mensaje de la Lupe es positivo:
parece que el examen salió bien.

 

son las cinco, el edificio está vacío.
llega el relevo de turno.
toca buscar las conchas para la cena.

 

el camión está lleno,
la mitad va durmiendo,
cobija el aire espeso.

 

—buenas noches, papá.
—Lupita, cuéntame cómo te fue con el examen.
hay conchas,
coca cola o café con leche para beber.

 

la muela no deja de latir,
pero ya es tarde y hay que dormir.
si Lupe no consigue la ficha,
mañana, pasado, toca de nuevo resistir.
¿y si la consigue?
¿y si la huelga mejora nuestra quincena?
¿y si ganamos la liguilla?

 

—ya ganaremos, Pascual, ya ganaremos.

 

yo solo te saludaba. 

nunca supe qué fue de esa muela.


lunes, 26 de octubre de 2026

esculturas de agua




para conservar la imagen de su juventud
y el ideal de su amor conquistado,
dio forma al agua en muchos moldes.

en invierno, las piedras de hielo eran linternas
que, aun frías, calentaban su mirada.
en primavera, las formas se deshacían
en espejos informes que reflejaban el cielo,
las arrugas nacientes en su ceño
y el cuerpo y el rostro de quien modela.
cuando llegó el tiempo del sol quemante,
las esculturas se volvieron charcos, después vapor,
y sus ojos esperaban la lluvia.

el escultor repitió su labor por años,
siempre el mismo ciclo,
hasta que un día renunció
a seguir conteniendo las formas
y los reflejos que siempre había deseado.
se dio cuenta de que ya no era el del inicio,
que su idea de amor y su amor
también lo habían abandonado.

¿qué gané con esta obsesión,
sino gastar la vida frente al congelador,
haciendo cubitos de una imagen
que ya no soy ni eres?






domingo, 25 de octubre de 2026

buen día, Manuelita




Manuela hacía los rellenos de papa más ricos que comí.
murió sola en un asilo, con la cadera fuera de lugar,
acompañada de la locura y la soledad de muchas otras mujeres
olvidadas por los hijos, los amigos y los dueños de las casas.


siento remordimiento por no haber ido a verla
en días como hoy, cuando los niños tenían mucho por hacer
y yo no tanto.
un beso, un abrazo, sus manos tomando mi mano
y yo contando algo del día a día, sin mayor importancia.


se levantaba temprano,
y su figura oscura recorría el patio entre los árboles frutales.
iba o volvía del baño
peinando las trenzas grises, que fueron azabache.
—buen día, hijito.
—buen día, Manuelita. chau, ya estoy tarde.


en la ausencia de los dueños, cuidamos la casa por muchos años,
ella más que yo, claro,
porque no tenía la libertad de los adolescentes
ni de los estudiantes universitarios.
—buena noche, hijito.
—buena noche, Manuelita. descansa bien, que ya es muy tarde.


los domingos se iba a su congregación.
al mediodía volvía con el canto y el baile en el cuerpo,
y con una golosina que partía en dos:
—cómete este tostadito, que ya estoy llena
y vos necesitas crecer.
era su forma de decir te quiero:
dar lo poco que tenía.


no necesitaba un cumpleaños
para freír los bollos de papa
y preparar la ensalada fresca de repollo y tomate.
sé que los vendía en el mercado los días de feria;
de ahí su pericia y su sazón de cocinera de comedor popular.
sus manos arrugadas aplastaban las papas cocidas
y, cuando apuraba el relleno de carne en las bolitas,
el almidón teñía por un momento sus dedos morenos.
el aceite doraba los bollos,
la corteza crujiente de harina y huevo.


además de darme hambre, me ha entrado un poco de frío.


ella se fue hace muchos años.
su dormitorio está lleno de cachivaches;
un hijo lejano se llevó lo poco de valor que ahí se alojaba.
¿me habrá esperado?
¿o ya habrá olvidado quién era yo?


en noches frías como esta,
creo verla caminando con su chulo de lana
abrigando su cabeza, y diciendo:
—buena noche, hijito. mañana comemos rellenitos.
ven temprano, ¿ya?

sábado, 24 de octubre de 2026

pirámide (i)



I


en el centro de operaciones

de la sordidez faraónica y familiar,

una señora vende comida en platitos de plástico,

en bolsas verdes y rojas,

con cucharillas de torta

y ají colorado.

los discípulos se atoran

porque otra clase anodina está por comenzar

y no se puede faltar.

 

en el aula, los patriarcas de oficina

dan clases de leyes como sermones,

salivando en tres idiomas,

batiendo los brazos

en sus trajes de corte inglés

o rompevientos de onegé

manchados con jugos sensuales.

aplaudimos, sudorosos, los ciento cincuenta

en un aula para cincuenta.

 

en otro auditorio a media luz,

entre manoseos, bostezos y ojos rojos extraviados,

una homilía sobre la sostenibilidad

expone, sin querer, el día a día de nuestra casa,

donde, antes que el saber, conviven con nosotros

—los usuarios de las listas regulares—,

los cadáveres de buenos deseos,

los cuchillos envenenados

y las planillas supernumerarias

de amantes y sobrinos de amantes.

 

en la escalinata

del prostíbulo con forma de pirámide,

las momias de segundo orden,

con sus macanas de arena, 

también de segunda,

reciben el cariño de las masas

y sus ofrendas del turno matinal.

 

en la cima de cristal,

donde residen desde siempre los dueños

de la empresa, con sus ojos agudos,

se apilan los cuerpos sacrificados,

y la humareda sella el cónclave de esbirros

que concilian la unidad de una hermandad

a la que no pertenecemos,

pero que siempre nos toma fotos sonriendo.

 

afuera, en el jardín,

cuerpos comidos se comen a besos,

sin que les importe volver otro año más.

 

y entre las copas de los árboles y los libros,

con nuestros ojos miopes, 

y nuestras manos de inocentes

reafirmamos nuestros deseos

de una vida dolorosa, pero llena de sonrisas,

donde nos inclinamos para pisar mejor las sonrisas

o vomitamos el evangelio

y la moral de quienes dicen que nos ayudan.








jueves, 22 de octubre de 2026

cielo raso






                de pequeña buscó en todo tipo de semillas 
                y encantamientos.

                luego se ilusionó con las promesas del amor
                y los efectos de lo eterno, 

                por saber si acaso era cierto que la gravedad
                rompía sus leyes en los besos inmediatos.

                buscó en los mejores amigos y gurús, 
                fue a conferencias esotéricas,
                leyó folletos, probó inciensos e invocó muertos.

                solo en el tropiezo con los libros encontró 
                lo más cercano al suelo.

                quiere ver el pico de una montaña lejana,
                si acaso rasga el cielo raso, 
                para poder trepar por él hasta el techo de su mundo,

                no para ver a algún dios elevado al infinito,
                sino para observar los caminos recorridos, 
                la huella y la metamorfosis, 
                el posible fracaso de su cuerpo y su alma.


lunes, 19 de octubre de 2026

juantasma






esperaba quieto en la esquina.
no reconocí su figura a primera vista;
di la vuelta para saber 
con total certeza de su presencia. 
los mocasines fueron decisivos.

con la mano hizo la señal de beber: salud.
le dije no, muchas gracias, toca dormir.
pregunté qué hacía en la calle desierta.
dijo que se sentía solo, que necesitaba compañía,
que creía que yo me sentiría igual.

bajé del coche, me senté a su lado,
acepté un trago de licor azulino,
prendimos unos cigarros y al rato cantamos.
me caía de sueño. me despedí: buenas noches,
lo abracé, un último trago, buenas noches.

a la mañana siguiente, caminé a la esquina
pensando en lo extraño del sueño.
aun así, buscaba signos de la tertulia:
cero colillas, ninguna botella, 
solo un par de mocasines,

abandonados.



domingo, 18 de octubre de 2026

molle






        ¿qué puede saber un niño sobre el delirio en el amor?
        según el azar de su estrella,
        de abundancia o escasez,
        ha recorrido las sendas de sus padres,
        las de las profesoras en la escuela.
        sabría, tal vez, algo del acierto y el error,
        del premio o la sanción,
        de un abrazo o el frío, 
        del hambre o un beso,
        la combinación ilógica de ambos extremos:
        la tibieza, el quizás.

        ¿qué ha podido encontrar en los libros, en el dicen que,
        en las canciones de la radio o en la fiesta de las calles?
        ¿cómo podría quedar cautivo de imágenes no vividas?
        ¿qué objetos y deseos esconde la fantasía fuera del diccionario?

        y tú, ¿qué viste además de piratas y doncellas en peligro?
        ¿cómo imaginabas un fantasma dentro del tronco negro de un molle?
        ¿por qué ansiabas un beso con sabor a moras?




miércoles, 14 de octubre de 2026

las doce




los segundos, las semillas, los colibríes
se amontonan
y el verde sube oloroso por los cerros

los frutos tempranos de la primavera
pasan por las calles en carretillas de lata,
pregonados de esquina en esquina:
uvas coloradas y verdes que brillan
y una palta del tamaño de una liebre
que salta del montón

un niño pide cosquillas menudas
con la boca llena de plátano:
la campana le ha regalado un recreo

otro llora porque le dieron un pelotazo
y el suelo se come su manzana;
las hormigas hacen fila por el almíbar

en la pared, la rueda gira
hasta juntar sus tres radios en las doce

los colibríes beben de las flores amarillas del portal
y el niño de la manzana
sigue llorando bajo ellas

martes, 13 de octubre de 2026

deserción


un hombre solo,
sentado en una banca barroca
de plaza moderna, ascética
—de esas incómodas que sirven
para tomar el sol, bañarse de viento
y pensar—,
piensa que ella es una piedra preciosa
de las que brillan en estantes aterciopelados,
inasible

un estruendo,
como una torre de piedra que se desploma,
rompe el piso:

las palomas se levantan todas a la vez
y no vuelven a bajar;
el agua de la fuente se escurre
en hilos lentos hacia arriba;
la luz se dobla sobre algo
que no se ve:
una nave de bóveda de aire
y columnas de nada,
más alta que la iglesia de la esquina

se abre una puerta en el vacío
y en el umbral, suspendida,
una sonrisa asimétrica,
envuelta en membranas dolorosas,
da un paso en el aire:
eres tú

me envuelves también
y me dices que te hice falta

detrás tuyo
las plataformas flotantes se ordenan como escalones;
un zumbido grave trepa por mis huesos
y me desprendo del cuerpo
como de un abrigo mojado

miro atrás y abandono el tiempo,
la plaza, la banca y mi nombre:
como Fowler en Júpiter,
ya no quiero ser hombre

al despertar
tengo las tablas talladas en la espalda
y en la cara un frío
que no es de esta plaza

un policía me dice que me vaya

buscaré una banca más cómoda,
cambiaré de plaza







lunes, 12 de octubre de 2026

12 de octubre

 




sobre el agua
la tierra despliegan
ambición y hiel

domingo, 11 de octubre de 2026

11 de octubre





a Adela



he cruzado varias sendas.
casi siempre voy directo a mis intereses.
alguna vez 

me detengo a conversar con las caminantes.
me lleva la charla
y dejo la tristeza por la senda.
vuelvo al día siguiente.


de mi travesía acompañada

rescato tres voces, cuatro:


una compañera estudiante dice:

el patriarca oprime con el orden casto

y hay que compensar los años postergados.


la madre de un amigo dice:

el sacrificio del cuerpo y los sueños

no alcanza para renovar nada

porque el tiempo en la piel no se rebobina.


una secretaria dice:

el salario no alcanza

y las horas extra

no pagan el saber técnico ni el político.

estoy mejor sin ese hombre.


una dirigente barrial dice:

nos aplastan desde adentro del género

y desde afuera del aparato.

por eso el pan nos cuesta el doble.


no sé si la única opción de un mundo alternativo

pasa por las mujeres,

o si lo digo porque las amo.


no sé si me mueve la costumbre,

el sueño de la mano de mi amada,

o el juicio afilado de la estudiante,

las miradas en la calle

de cuantas caminan de ida y vuelta a la escuela, 

al trabajo.


hay una sensibilidad que atraviesa los mensajes
y que yo no tengo.
la reconozco 
como se reconoce el olor de la casa materna
sin saber de dónde viene.


no entenderla no me priva de sentirla
—¿o será que la entiendo
y no quiero saberlo?—


los besos de mi madre.

la mano de mi amada.

las miradas en la calle.

eso es lo que sé del mundo alternativo.

lo demás son teorías

que todavía no sé leer.


para no tener que aprenderlas,

¿qué me ha bastado?

nacer hombre.



jueves, 8 de octubre de 2026

a medio uso


obvio que los mercaderes
vaciaron de contenido la forma del hombre nuevo
y llenaron de fondo sus cuentas bancarias

—o eso dice el panfleto mal fotocopiado
que alguien dejó en el baño
a la rápida,
como con miedo—


lo que predican:
lo informal es un campo de oportunidad para las rentas,
la matemática del sentido común
dictada por el programa pedagógico
del ranquero* que financia al títere de turno


hoy los puestos del mercado
rebosan de capibaras estampadas
y de brillitos:
una niña arrastra a su madre por la manga
hasta el puesto de los capibaras
y yo no sé si soy la niña, la madre,
el capibara o el que vende


yo buscaba una camiseta tubular
del mejor algodón
con la foto del martirizado en Bolivia
pero no hay
y no me queda de otra que comprar
una a medio uso
de una banda de metal nueva


* ranquero (Bolivia): persona que acapara mercaderías a bajo precio para revenderlas más caras. Diccionario de americanismos, ASALE.